Mostrando entradas con la etiqueta Dr. Juan José Mata Peynado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dr. Juan José Mata Peynado. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de septiembre de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado (final de su semblanza)


Ahí en la colonia Hipódromo, había una laguna, y pegado a esa laguna había una pista de carreras de caballos; pero la pista más antigua era la de la Laguna del Carpintero.
A la Laguna del Carpintero le descargaban todas las aguas negras, y le decían a esa laguna “Laguna Buenos Aires”.

El señor Crisóstomo Dávila, tenía los establos de aquí sobre la Guatemala, para adentro, lo que ahora es la prolongación de la Vicente Guerrero.
Hay una historia muy interesante de aquí de la colonia Vicente Guerrero; en aquél tiempo, ya ve que aquí había muchos ferrocarrileros, aquí vivía un ferrocarrilero, entonces, él era vigilante en ferrocarriles.
El caminaba por aquí por la calle España, entonces él al llegar a la calle Pachuca, donde está el arroyo, él traía su lámpara sorda y su pistola.
El era muy enamorado, eso cuentan.
Entonces, al pasar por el arroyo, oyó ¡pss! ¡pss!
Y vio a una mujer salir del agua, entonces, el señor vio que era una mujer que traía falda blanca, vestida toda de blanco, nada más que cubierta con un velo.
¡Ay! ¡Hasta me dio escalofrío recordar la leyenda!
El velador apunta con la lámpara y ve que era una mujer, luego le apunta a la cara, y le vio el rostro ¡espantoso!
El señor llegó corriendo a su casa, y le dijo a su mujer lo que le había pasado.
Ella le dio de cenar, y a la semana siguiente, el señor murió.
El vivía por la calle España, ahí derecho, pasando el arroyo, por ahí vivía ese señor.

Les voy a platicar…aquí por la Francia, nosotros vivíamos por la Francia y 18 de marzo, de la Necaxa, una, dos y tres cuadras más adelante.
De la subestación, una cuadra para acá.
Entonces, había un matrimonio para allá tantito, a cuadra y media.
En donde está la Iglesia Mormona, en ese solar vivía el matrimonio.
Ellos sobrevivían pidiendo limosna, se iban a las casas y les daban taquito, o los vecinos les llevaban sus calditos, porque sabían que estaban enfermos.
¡Estaban bien pobres!
El día que murió la señora, la enterraron con la cooperación que se reunió de los vecinos.
Pero muere el señor, y cuando fueron a arreglarlo, vieron que el colchón sobre el que estaba acostado estaba roto por aquí y por allá, y que eran visibles billetes.
Cuentan, que se corrió la voz, y varios vecinos fueron, y mucha gente se quedó con esos billetes, porque ese colchón estaba bien llenito de billetes.
Dicen que esos billetes estaban picados, rotos, roídos por ratones, con tufillo del orín del señor enfermo, pero que en el banco se los hicieron válidos a los vecinos, a pesar de tan viejos que estaban los billetes.
¡Eran tan ricos, y vivían tan pobres!
Que ese matrimonio tenía mucho dinero.
El señor murió antes del 55, él murió en el 54, yo tenía unos once o doce años de edad.
Cuando murió ese matrimonio, después empezaron a aparecer sobrinos.

Aquí en Madero hay muchas narraciones de aparecidos y leyendas.
Mi papá era especialista en eso.
Nos contaba, pero cada cosa, ¡cada cosa!
(la foto es de la plaza principal de Ciudad Madero,Tamaulipas)

martes, 7 de septiembre de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado ( Hospitales de Cd. Madero 6 )


Centros hospitalarios:
Pues era el Hospital de PEMEX, no existía el Hospital del Regional, ni las clínicas aledañas, nada más había un servicio de urgencias, adentro donde está actualmente el consultorio de urgencias de Refinería Marina.
No tenía consultorios, entonces era el Hospital de Madero, el Hospital de la Sección #1, o sea el de Petróleos Mexicanos.
El Hospital Regional fue muchos años después.
Ahí era antes, en esos terrenos ¡monte vil! No podía entrar uno ahí.
Inclusive, ahí por donde está el cementerio Las Chacas, para este lado, mucho antes, había tigrillo y mucho venado, mapaches, víboras de cascabel y coralillo.
Era mucho monte, éste era bajo, de tipo arbusto, eran nopaleras, huizaches, también había encinos. Pero la mayoría era de tipo matorral.

Aquí mi familia, llegamos en el 46, porque yo llegué de tres años.
A mi papá le tocó tumbar todo el monte, entre varios compadres y mi papá que eran los primeros pobladores de esta colonia, de la Vicente Guerrero.
Aquí, estos árboles que están en el patio tienen más de 60 años.
De los primero pobladores fueron los Reyes, los papás del “Bocho”, la familia Martínez Méndez, los Mata.
Ahí donde yo vivía, estaban los Mata Juárez, Mata Vargas, Mata Orozco, Mata Peynado y los Arrollo.
Eran de los primeros que llegaron aquí.
Don Zenaido, que tenía su equipo de sonido, ahí al nivel del Km. 7, enfrente, cuando había onomásticos, ponía una bocina en alto.
El Km. 7 era de aquí derecho por la calle España, al topar la vía. Ahí se hacía el Km. 7. Es entre calle Sonora y Avenida Monterrey.
El Km. 6 está a la altura donde se encuentra la estación del ferrocarril.

sábado, 14 de agosto de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado (5 ta. parte )


Había una Casa Mata, o sea, una construcción muy fuerte y de paredes muy gruesas, que le decíamos “El Polvorín”, es donde ahora está la colonia El Polvorín.
Ahí se guardaban pertrechos de los revolucionarios, o sea, municiones, fusiles, inclusive cargas explosivas.
Cuando se acabó la Revolución, tiempo después, todavía nosotros de chamacos íbamos y prendíamos un fuego y ahí le tirábamos todas las balas.
¡Peligro! ¡Eh!
¡De mucho peligro! ¡Eh!
Ahí en el Polvorín, que era una Casa Mata, o sea, un fuerte como dije anteriormente, era una construcción de paredes gruesas con sótano, nada más que después se anegó y le echaron tierra y se perdió esa edificación, pero era grande.

El cementerio de Árbol Grande es el más antiguo de Ciudad Madero, porque el cementerio de las Chacas es relativamente nuevo.
Había un cementerio para orientales exclusivamente, que se encontraba en el kilómetro 12 de la vía del tren de Tampico a Monterrey.
Estaba entre el estadio de Tampico y donde inician las pistas del actual aeropuerto. A esa altura.
Ahí estaba un cementerio exclusivo para orientales, o sea, era para chinos, japoneses, indonesios, filipinos, de los cuales aquí había muchos.
Cuando nosotros estábamos chamacos lo visitábamos, nos íbamos al cementerio.
Teníamos ocho o nueve años de edad.
Supe de varios chamacos, mayores que nosotros, que se metían a las tumbas, porque las destapaban.
Porque entonces los chinos, tenían la costumbre, la tradición, de enterrar a sus deudos con oro, para lo que iban a gastar en el camino.
También los enterraban con comida, ropas lujosas, monedas de oro y muchas cosas más.
Se corría la leyenda, o anécdota, de que varios jovencitos habían encontrado tesoros.
Eso fue por el año 48.
Ese cementerio desapareció cuando ampliaron el aeropuerto; el aeropuerto de Tampico es muy viejo, es el primer aeropuerto en todo México.
Después cuando se ampliaron las pistas para hacerlo Aeropuerto Internacional fue cuando se desapareció el Cementerio de los Orientales.
Quedó bajo el concreto de las pistas que dan hacia el lado oriente.

Allí donde está el actual Cementerio de las Chacas, ahí había una laguna.
La laguna del 9, le decíamos así.
Muchos de los que ahorita ya somos abuelos, nos enseñamos a nadar ahí.
Donde ahora es el cementerio.
Por ahí corre un arroyo, todavía hasta la fecha, ahí por la parte más onda.
Ahí estaba la laguna, ahí nos enseñamos a nadar; había ahí un árbol que tumbaron, porque iban a construir algo que nunca construyeron; y de ahí de ese árbol nos aventábamos los clavados, porque la laguna tenía como cinco o seis metros de hondo.
Estaba ¡bien honda!
Mínimo cuatro metros, pero ahí nos aventábamos los clavados.
Bueno, los que ya sabían nadar, los que todavía no, usábamos botes de leche Nido, de esas grandes, las amarrábamos y las usábamos como flotadores.
Los muchachos grandes nos cuidaban para que no nos fuéramos a ahogar.

Donde está ahorita el Centro de Convenciones, había un gimnasio y una cancha de basquetbol; bueno, eso ya es más reciente, se hacían las asambleas de PEMEX ahí, porque en el Sindicato como era muy pequeño no había lugar para tantos trabajadores ( la foto es de trabajadores petroleros).
Antes era pegado a la cerca, no donde está ahorita, estaba más pegado a la vía.
Era una cancha de basquetbol profesional, y ahí se hacían las asambleas.
Era un galerón grande, el gimnasio de Árbol Grande.
Inclusive, en algunas ocasiones se utilizó para fiestas, pero más que todo para las asambleas.

viernes, 6 de agosto de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado ( 4 )


Al lado de la escuela primaria "Armando Barba" (foto de alumnos) estaba el Sindicato “El Águila”.
Donde fue el “Cine Madero”, ahí estaba. Hubo varios muertos ahí.
Ahí en los cambios o elecciones para Secretario General y su Comité Ejecutivo de la Sección 1.
Me acuerdo, que la puerta del Sindicato era de fierro colado; ahí cuando eran las elecciones del Sindicato los obreros iban armados con ladrillos y varillas que traían de las construcciones cercanas, las aserraban y se las traían.
Entonces hubo varias muertes.
Yo alcancé a ver varios muertos; fue en el 48.
Estaba en sexto año, fue un domingo la asamblea y ahí entraron pistolas.
Hubo arriba de diez muertos. Fue una asamblea para nombrar al nuevo Secretario General.
Fue en las elecciones de 1948-1949.
Después se empezó a civilizar, a normalizar, a organizar mejor las elecciones.

El muelle de la Terminal Marítima, antes eran tres muelles de madera, porque antes todo era de madera.

La Compañía Exportadora e Importadora Mexicana, Sociedad Anónima “LA CEIMSA” estuvo en contra esquina de donde está ahorita Teléfonos de México (esquina Allende y 1° de mayo).
Ahí vendían de todo, era exportadora e importadora.
Principalmente vendían latería, cuestiones de miscelánea, línea blanca, todo eso.

Había un dicho famoso:
“Ciudad Madero, ciudad bravía
300 cantinas, y una librería”

La librería que existía aquí en Madero, era “La Cosmos”, estaba ubicada al lado de donde está actualmente la cantina “La Estrella”, por la 1° de mayo y era la única librería.
Íbamos a comprar lápices y cuadernos, era la única.

Estaba la maderería “Martínez”, donde está ahorita la plaza, ahí estaba la maderería “Martínez”.
Enfrentito de la actual Benavides.
Y del otro lado, en la otra esquina que está enfrente de Super Cream estaba la escuela Isauro Alfaro, bueno donde está ahorita el monumento a Isauro Alfaro, que tuvieron que tumbar la escuela para construir la plaza, y que también es ahora un estacionamiento subterráneo.

Donde ahorita es Teléfonos de México había una cantina, que se llamaba “El Maderense”, muy famosa por su botana riquísima, yo la alcancé a conocer.
Su entrada, porque era en bajada, ligeramente, y ya cuando iba alguien con copas ¡purrúm! Caían ahí, muchos se cayeron ahí en la entrada del “Maderense”.

En la esquina contraria (pues eran puras cantinas), el dicho lo dice, estaba “Jacarandas”, ahí mismo en la plaza. Después le pusieron otro nombre, no me acuerdo cual. Era de madera también como la mayoría.
Bueno el “Maderense” era de material pero todo lo de atrás era de madera.
El “Jacarandas” estaba enfrente del Sindicato, donde está ahorita la refresquería y nevería “La Minerva”, ahí enfrente estaba.

De restaurantes famosos era “El Kikus”, al lado del cine Tamesí.
Reconocido por su milanesa y su menudo, que empezaban a servirlo a las doce de la noche, para los desvelados que salían de las tertulias, de las pachangas; ahí empezaba a funcionar ¡de verdad! Y vender de las doce de la noche hasta las seis de la mañana.
Era un restaurante de madrugada como quien dice, para los desvelados y para los que iban crudos, ahí comían mondongo.

Hace muchos años ahí donde era la zapatería “La Famosa”, arriba, había un centro de bailes, “El Terrazas”, y su dueño, era un oriental que se llamaba Celestino M. Ling.
Entonces, en la madrugada se escuchaban rugidos, y es que el tenía animales exóticos allá arriba en el “Terrazas”. No pagaba vigilancia porque el soltaba algunos de esos animales en la noche.
Eran una pantera, un león, eran de varias especies; claro que los tenía separados en jaulas. Luego murió él, y los animales tengo entendido que se entregaron a un zoológico, no sé a cuál sería.

Ahí en la esquina enfrente del “Jacarandas”, pero donde está ahorita la nevería y refresquería “La Minerva”, que está en el mismo edificio del Sindicato de la Sección #1, ahí había un gimnasio, donde entrenaban los boxeadores de la localidad.
Allí entrenaba “El Pinolillo”, mi cuñado, él era bueno para el boxeo pero ya no siguió.
Ahí entrenaba el famoso Juan “Bombin” Padilla, campeón nacional, originario de Tampico, pero que se venía a entrenar aquí a Ciudad Madero.
Yo lo vi entrenar ahí, siempre de pantaloncillo blanco.
Ahorita, actualmente vive en México; tiene un restaurante de mariscos.

Estaban los parques de Soft-bol de la Puerta Uno, por donde está ahorita la gasolinera, que está enfrente de la Refinería.
Ahí, había un parque de soft-bol ¡bellísimo!
Era una construcción de los norteamericanos, que todavía quedaban después de la Expropiación Petrolera.
Ellos lo construyeron absolutamente de madera, pero con una belleza extraordinaria.
Ahí cuando había concentraciones escolares ahí se hacían.
En la estación del tranvía, en lugar de decir estación decíamos “la parada Refinería”, ahí llegaba el tranvía y ahí estaba el parque enfrente.

El parque de soft-bol “Refinería Madero” y enfrente de la puerta 1 (hoy puerta 2), o sea enfrente de la Parada de la Refinería Madero, enfrente estaba el Hospital de Petróleos Mexicanos, de madera, o sea de éste lado de la Obregón, brincando la vía, que en ese tiempo era de madera; después como todas las cosas, se hizo de mampostería.

A su lado estaba el campo “Los Almendros”, que eran donde jugaban golf los ingenieros y los altos mandos de la industria petrolera.
Ahí íbamos a correr nosotros. Eran campos de golf y tenía un pasto traído desde Inglaterra, ¡era muy bonito! ¡el campo “Los Almendros”!

El parque “R.H. Morris”, más reciente, también era de soft-bol.

El parque de béisbol, que está por la calle que viene del Hospital Civil, sobre la California, el Parque “13 de julio”.

En el 7 y ½ se practicaba generalmente el futbol, por la extensión de terreno que había.
Ahora creo que son 16 campos.

En el principal, que era el Campo Uno, era donde practicaba el “Club Madero”, el de Segunda División, que después ascendió a Primera División.
En los Campos 2 y 3, practicaban los jugadores juveniles y los amateurs de la localidad; de donde surgieron figuras tan famosas a nivel nacional, en el futbol
como “El Papi Navarro”, “El Bocho” Salazar, Raúl Díaz, El “Baby” Pérez, Carlos Rus, ellos fueron muy famosos, jugaban en la Primera División.
Hubo muchos que se quedaron a punto de llegar a la fama, pero que no llegaron por azares del destino; algunos prefirieron o tuvieron que dedicarse por completo al trabajo.
Mi cuñado “Chuy” era muy buen jugador.

Aquí teníamos nuestro equipo “El Morelia”.
Se le puso así, porque mi suegro era de Morelia.

Existía el Club Deportivo “Superior”, El Club “La Carrillo Puerto”, El Club “Refinería Madero”, pero el amateur.
“La Barra” ¡muy bueno! yo jugué con ese equipo dos temporadas.

El Deportivo “Morelos”, “El Árbol Grande”

Todos estos equipos eran ya famosos empezando los años cincuentas.

Las canchas de todas las escuelas de la localidad, como la “Armando Barba”, “La Carrillo Puerto”, la “Lázaro Cárdenas”, se distinguían porque todas tenían sus canchas de basquetbol y de voleibol, que era lo que más se practicaba.
Eso es lo más relevante, hablando de canchas deportivas.

De las escuelas principales, diremos que eran la Armando Barba, la Vicente Guerrero, la Isauro Alfaro donde estaba la plaza, la Carrillo Puerto y la Lázaro Cárdenas.

Fíjense, que nosotros, entrábamos a la Armando Barba a la una de la tarde, y acá nos juntábamos todos por la vía, por la Allende llegábamos a la escuela Armando Barba.
Pero en la mañana, nos levantábamos a las seis de la mañana, precisamente a juntar piedras y con nuestras resorteras, y hacíamos flechas con un clavo en la punta, bien amarrado con ligas y hacíamos arcos; nos íbamos a tirarles a los pájaros, a lo que fuera, hasta a los perros ¡a lo que fuera!

A mediados de los años 40 empezaron a llegar otras organizaciones religiosas; generalmente aquí en Ciudad Madero siempre era católico.
Pero a mediados de los años 40’s empezaron a llegar organizaciones religiosas diferentes a la religión católica, llegaron los grupos llamados “protestantes”; las iglesias Bautista, Presbiteriana, la del 7° día, la Adventista; de muchas denominaciones, que crecieron conforme fue creciendo la población.

Ahorita las iglesias evangélicas crecieron en el aspecto económico y en el aspecto de creyentes hay muchos que van a esas iglesias.

Entre las leyendas, había una, que decían que pasaba por la Obregón, por lo que ahora es la Obregón, por la vía, pasaba “El hombre del maletín negro”.
¿Esa historia no se la saben?
Era un hombre que pasaba después de las siete u ocho de la noche, con un maletín ¿Qué llevaría? ¡Sabrá Dios!
Siempre caminaba todo lo que es Obregón.
¡Sin destino fijo! ¡El hombre del maletín negro!
¡Hay tantas leyendas en Ciudad Madero!

lunes, 12 de julio de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado ( 3 )


En la colonia Galeana había un cine al aire libre, el cine “Terrazas Madero”, que funcionaba nada más al oscurecer.

La plaza “Hermenegildo Galeana” muy famosa por sus fiestas, kermeses y sus broncas.
¡Había cada pleito!
Es una de las principales plazas de aquí de Ciudad Madero; también están las plazas Carrillo Puerto, la de la Vicente Guerrero, y la principal, que es donde está la Presidencia Municipal.
Ahí había juegos, atrás de la Presidencia Municipal, juegos para niños.

Yo no me acuerdo, porque estaba muy chico, pero luego supe que aquí llegó a haber un tiempo, cuando la Segunda Guerra Mundial, que a determinada hora andaba un pregonero, ¿será cierto eso?, ¡quien sabe!, pues me contaron que andaba un pregonero con un silbato, para que apagaran todas las luces de los quinqués y de los mechones porque había peligro de que bombardearan la Refinería, de que los alemanes andaban cerca de aquí.

Hubo un cine “Rojo”, donde ahorita está “La Crema”, que después fue “Las Vegas”, enfrente del “Xilitla”.
Ahí fue el cine “Rojo”, todavía hace poco estaba su cúpula, ya la tumbaron.
Yo alcancé a ir a sus funciones.
En el 48 y en el 49.
Luego al lado, estaba un salón de baile, el “Maderos Club” y ahí se hacían las quinceañeras de la época, las fiestas de boda, de las gentes adineradas, de las que no se iban a Tampico.
Después ahí fue Secretaría de Hacienda, en la mera esquina.
Eran las famosas tertulias de los sábados, que empezaban a las cinco de la tarde y terminaban a las once de la noche.
Yo estaba en la secundaria de enfrente, en la 11.
Había un maestro que sacaba una moneda y decía:
Si cae águila, tenemos clase. Si cae sol, ¡nos vamos a la tertulia!
Es una anécdota. La moneda que traía, sus dos lados eran sol.
Porque el siempre quería salirse a las tertulias. Esa moneda traía dos soles.
Era en la escuela Secundaria por Cooperación #11.

Hubo un tiempo, que funcionó una preparatoria, ahí en ese edificio.
La escuela # 11 fue hecha para los trabajadores petroleros que trabajaban en el día, y no habían hecho la secundaria; para que fueran a estudiar en la noche.
De seis de la tarde a diez y media de la noche.
Estaba en el local que es la escuela primaria “Armando Barba”.
La Armando Barba era de los petroleros, era escuela Art. 123.
Esa escuela supuestamente era para puros hijos de petroleros.
Cuando la Armando Barba empezó a funcionar era de un piso, al cabo de dos años se hizo de dos pisos, y hasta en años recientes fue de tres pisos. Digamos que de 20 a 30 años para acá, ya fue de tres pisos.

Había una señora enfrente de la Armando Barba, doña Mica, con un hijo único, medroso, blanco como la nieve que siempre cargaba un morral.
Siempre quisimos saber que traía en el morral, y nunca sabíamos que llevaba.
Se llamaba Lalo, era su hijo único.
Entonces, era un negocito de dulces, de lápices, de cuestiones escolares, ahí enfrente de la Armando Barba, sobre la calle Niños Héroes; El puestecito lo ponía donde está la entrada principal de la escuela.
Ellos desaparecieron sin dejar rastro.
Nunca más supimos de ellos, nunca supimos que se hizo doña Mica.

La secundaria, era supuestamente para los que estaban de aprendices o trabajadores de planta de PEMEX, que laboraban todo el día y en la noche tenían que asistir a la secundaria.

miércoles, 23 de junio de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado ( 2 )



















Hay una anécdota que recuerdo:
Mi papá mencionaba la “Caseta del Cable” acá pegado a la playa, estaba en la playa, por donde baja uno del Recreativo, estaba ahí la caseta.
Era una caseta vieja, que servia como guía de los viajeros que venían por el mar, para los pescadores, tenia una bandera grande.
Se decía que ahí, se aparecía el diablo.
Muchas personas de aquí de Madero lo podían asegurar en aquellos años.
¡Estoy hablando de principios del siglo pasado!

También en pláticas escuchábamos del Hospital Invisible.
Estaba donde está ahorita allí, de un poquito mas allá de donde hicieron el Centro de Convenciones, para abajo, de aquel lado de la vía.
Casi para llegar a la Sección 21, ahí estaba.
Muchas señoras iban allí, contaban de operaciones invisibles; bueno, ya casi la mayoría de esas gentes han muerto.

Bueno, allá en la Laguna del Carpintero, estaba virgen el terreno, allá donde están los boulevares, eran puros matorrales, puras nopaleras, y había muchas huapillas todo eso.
Ahí por donde corre el Boulevard Perimetral, que viene de Tampico, de la Náutica para acá, ahí había, casi rumbo a la Central Camionera, entre la Laguna del Carpintero y la Central Camionera, había una pista de caballos, ¡antiquísima!
No sé si desde el siglo XIX, desde mil ochocientos y feria.
Ahí estaba una pista de carreras de caballos.
Ahí había muchos negocios donde vendían artículos para charros, como cintos, pistolas, o sea los “aperos” ahí los vendían,
Los domingos había carreras de caballos, se jugaba mucho dinero, en oro y plata.
Es que en ese tiempo PEMEX pagaba en plata o en oro.
Entonces jugaban cada domingo, yo alcancé a ir a ver las carreras con mi papá.
Estoy hablando de los años cuarenta.

Entre la Laguna del Carpintero y la Central Camionera, ahí había una laguna paralela a la Laguna del Carpintero, y estaba rodeada por una colonia de chinos.
Ellos trabajaban las hortalizas.
Esas hortalizas estaban entre el boulevard Perimetral y el boulevard López Mateos, ahí en esa esquina, más o menos para allá rumbo a la Central Camionera.

Aquí Madero era un pueblo cosmopolita.
Se hizo cosmopolita porque llegaron muchos inmigrantes:
Los árabes, eran los encargados de vender ropa casa por casa.
La acarreaban en el hombro.
Los aboneros les decían, la ofrecían casa por casa.
Los españoles eran los encargados de las misceláneas, de las tiendas.
Los chinos eran dueños de los cafés y de las cantinas.
Algunos norteamericanos tenían bares.

Porque aquí había varias refinerías, la de la 21 que estaba de este lado.
En Mata Redonda era la Sección número 2.
La Sección número 1 de aquí.
También estaba la Refinería “Corona” que estaba en el “Chachalaco” que se ubicaba donde ahorita pasa uno por donde está el muelle conocido como “Carga Blanca”.

Allá adelante, ahí todavía hay pozos segados, es que ahí estaba la Refinería “La Corona”.
Todavía en el mar, ha unos 50 o 60 metros de la orilla, hay unos tanques de combustibles que ya están segados, nada mas queda el chapo duro, ahí están.

martes, 15 de junio de 2010

Dr. Juan José Mata Peynado ( 1 )




DR. JUAN JOSÉ MATA PEYNADO

Padre:
Don Juan Mata Orozco, originario de la Ciudad del Maíz, San Luis Potosí.

Madre:
Doña Apolonia Peynado Licona, originaria de Puerto de Lobos, Veracruz; hoy llamado Tamiahua, Veracruz.

Nací en Ciudad Madero, Tamaulipas, el 4 de marzo de 1943.
Cuando era pequeño, vivíamos entre calle Francia y 18 de marzo; antes se llamaba Charro, y ahora es calle 18 de marzo.

Madero era pequeño, muy pintoresco, muy tradicional, con familias de abolengo, y muchos llegados de afuera, atraídos por la cuestión de trabajo en Petróleos Mexicanos.
Generalmente, las familias de aquí eran de origen ferrocarrilero; había mucha gente que trabajaba de ferrocarrileros, jornaleros, comerciantes y en el magisterio; era lo que había aquí.
Muchos llegaron para buscar trabajo en Petróleos.

Al referirme a familias tradicionalistas, es que al llegar traían sus costumbres, las cuales implantaron a sus descendientes, que ya nacieron aquí.
Pues guardaban las tradiciones y las inculcaban a los que vivían aquí.

Mi papá se ponía, después de la cena, que era a las ocho de la noche, a contarnos cuentos.
¡Exactamente a las ocho de la noche cenábamos!
Después de la cena se ponía a contarnos cuentos.
Nos hablaba del pirata Lorencillo, de los tesoros de los piratas.
Nos hablaba de que él había llegado a pie, huyendo de los carrancistas; se vinieron, se bajaron ahí por el Cerro del Bernal, atravesaron hasta González y se vinieron por toda la vía del tren, y aquí se asentaron; aquí pegados a la vía.
Ellos venían huyendo.
Inclusive a mi abuelo, al papá de mi papá, lo mataron los revolucionarios.
Mi papá era nieto del general Pascual Orozco.

Mis abuelos paternos fueron:

Petra Orozco, y mi abuelo paterno era maestro y juez de paz de Ciudad del Maíz, San Luis Potosí.


El nombre de mis abuelos maternos eran:
Eduardo Peynado Guzmán, originario de Cerrito, San Luis Potosí.
Eustacia Licona Luna, originaria de Guadalcázar, San Luis Potosí.

Todos ellos vinieron por el oro negro.

Cuando llegaron ellos, aquí había la leyenda, quizá, quizá haya sido verdad.
Aquí se llamaba todavía cuando llegaron ellos, Doña Cecilia.
Porque había una mujer, que vivía por donde existía un paso aquí a través del río, que era obligado para todos los que venían a este lugar, para los carboneros, para los que traían mercancía y por allí pasaban.

Entonces, ella tenia allí, en donde estaba la “Casa Mata”, por donde estaba la refinería de la Sección 21, ahí tenía ella un mesón.
Se decía que el que pasaba con mucho dinero, ahí moría.
Los envenenaban, a los que traían dinero o cargamentos importantes.
¡La famosa Doña Cecilia!
Viuda ella.
El muchacho que le gustaba se quedaba con ella, y luego también misteriosamente desaparecía.
Pues esas son leyendas que siempre se han contado.


AMIG@S DE LA RED empezaré a subir las historias contenidas en el libro "De Villa Cecilia de Ciudad Madero Narraciones de Habitantes Maderenses", así podrán conocer mucho mejor la ciudad donde vivo.

Muchas gracias por su atención.
Su amiga Marucha.

Etiquetas

Buscar este blog