Ahí en la colonia Hipódromo, había una laguna, y pegado a esa laguna había una pista de carreras de caballos; pero la pista más antigua era la de la Laguna del Carpintero.
A la Laguna del Carpintero le descargaban todas las aguas negras, y le decían a esa laguna “Laguna Buenos Aires”.
El señor Crisóstomo Dávila, tenía los establos de aquí sobre la Guatemala, para adentro, lo que ahora es la prolongación de la Vicente Guerrero.
Hay una historia muy interesante de aquí de la colonia Vicente Guerrero; en aquél tiempo, ya ve que aquí había muchos ferrocarrileros, aquí vivía un ferrocarrilero, entonces, él era vigilante en ferrocarriles.
El caminaba por aquí por la calle España, entonces él al llegar a la calle Pachuca, donde está el arroyo, él traía su lámpara sorda y su pistola.
El era muy enamorado, eso cuentan.
Entonces, al pasar por el arroyo, oyó ¡pss! ¡pss!
Y vio a una mujer salir del agua, entonces, el señor vio que era una mujer que traía falda blanca, vestida toda de blanco, nada más que cubierta con un velo.
¡Ay! ¡Hasta me dio escalofrío recordar la leyenda!
El velador apunta con la lámpara y ve que era una mujer, luego le apunta a la cara, y le vio el rostro ¡espantoso!
El señor llegó corriendo a su casa, y le dijo a su mujer lo que le había pasado.
Ella le dio de cenar, y a la semana siguiente, el señor murió.
El vivía por la calle España, ahí derecho, pasando el arroyo, por ahí vivía ese señor.
Les voy a platicar…aquí por la Francia, nosotros vivíamos por la Francia y 18 de marzo, de la Necaxa, una, dos y tres cuadras más adelante.
De la subestación, una cuadra para acá.
Entonces, había un matrimonio para allá tantito, a cuadra y media.
En donde está la Iglesia Mormona, en ese solar vivía el matrimonio.
Ellos sobrevivían pidiendo limosna, se iban a las casas y les daban taquito, o los vecinos les llevaban sus calditos, porque sabían que estaban enfermos.
¡Estaban bien pobres!
El día que murió la señora, la enterraron con la cooperación que se reunió de los vecinos.
Pero muere el señor, y cuando fueron a arreglarlo, vieron que el colchón sobre el que estaba acostado estaba roto por aquí y por allá, y que eran visibles billetes.
Cuentan, que se corrió la voz, y varios vecinos fueron, y mucha gente se quedó con esos billetes, porque ese colchón estaba bien llenito de billetes.
Dicen que esos billetes estaban picados, rotos, roídos por ratones, con tufillo del orín del señor enfermo, pero que en el banco se los hicieron válidos a los vecinos, a pesar de tan viejos que estaban los billetes.
¡Eran tan ricos, y vivían tan pobres!
Que ese matrimonio tenía mucho dinero.
El señor murió antes del 55, él murió en el 54, yo tenía unos once o doce años de edad.
Cuando murió ese matrimonio, después empezaron a aparecer sobrinos.
Aquí en Madero hay muchas narraciones de aparecidos y leyendas.
Mi papá era especialista en eso.
Nos contaba, pero cada cosa, ¡cada cosa!
(la foto es de la plaza principal de Ciudad Madero,Tamaulipas)
A la Laguna del Carpintero le descargaban todas las aguas negras, y le decían a esa laguna “Laguna Buenos Aires”.
El señor Crisóstomo Dávila, tenía los establos de aquí sobre la Guatemala, para adentro, lo que ahora es la prolongación de la Vicente Guerrero.
Hay una historia muy interesante de aquí de la colonia Vicente Guerrero; en aquél tiempo, ya ve que aquí había muchos ferrocarrileros, aquí vivía un ferrocarrilero, entonces, él era vigilante en ferrocarriles.
El caminaba por aquí por la calle España, entonces él al llegar a la calle Pachuca, donde está el arroyo, él traía su lámpara sorda y su pistola.
El era muy enamorado, eso cuentan.
Entonces, al pasar por el arroyo, oyó ¡pss! ¡pss!
Y vio a una mujer salir del agua, entonces, el señor vio que era una mujer que traía falda blanca, vestida toda de blanco, nada más que cubierta con un velo.
¡Ay! ¡Hasta me dio escalofrío recordar la leyenda!
El velador apunta con la lámpara y ve que era una mujer, luego le apunta a la cara, y le vio el rostro ¡espantoso!
El señor llegó corriendo a su casa, y le dijo a su mujer lo que le había pasado.
Ella le dio de cenar, y a la semana siguiente, el señor murió.
El vivía por la calle España, ahí derecho, pasando el arroyo, por ahí vivía ese señor.
Les voy a platicar…aquí por la Francia, nosotros vivíamos por la Francia y 18 de marzo, de la Necaxa, una, dos y tres cuadras más adelante.
De la subestación, una cuadra para acá.
Entonces, había un matrimonio para allá tantito, a cuadra y media.
En donde está la Iglesia Mormona, en ese solar vivía el matrimonio.
Ellos sobrevivían pidiendo limosna, se iban a las casas y les daban taquito, o los vecinos les llevaban sus calditos, porque sabían que estaban enfermos.
¡Estaban bien pobres!
El día que murió la señora, la enterraron con la cooperación que se reunió de los vecinos.
Pero muere el señor, y cuando fueron a arreglarlo, vieron que el colchón sobre el que estaba acostado estaba roto por aquí y por allá, y que eran visibles billetes.
Cuentan, que se corrió la voz, y varios vecinos fueron, y mucha gente se quedó con esos billetes, porque ese colchón estaba bien llenito de billetes.
Dicen que esos billetes estaban picados, rotos, roídos por ratones, con tufillo del orín del señor enfermo, pero que en el banco se los hicieron válidos a los vecinos, a pesar de tan viejos que estaban los billetes.
¡Eran tan ricos, y vivían tan pobres!
Que ese matrimonio tenía mucho dinero.
El señor murió antes del 55, él murió en el 54, yo tenía unos once o doce años de edad.
Cuando murió ese matrimonio, después empezaron a aparecer sobrinos.
Aquí en Madero hay muchas narraciones de aparecidos y leyendas.
Mi papá era especialista en eso.
Nos contaba, pero cada cosa, ¡cada cosa!
(la foto es de la plaza principal de Ciudad Madero,Tamaulipas)



